¿Cómo era…? Cierto; Benjamín. Pues resulta que ahora estaba recargado sobre un tronco en la playa. Acceso 6, Zona Hotelera. Con la izquierda sostenía su chela y con la derecha la pluma. El papel cuadriculado de su libreta negra no recogía siquiera un punto y coma, ni una idea. La pluma prefería deslizarse en el aire trazando el oleaje. Decidí acercarme para saber qué es lo que intentaba. <<Psst pst>>. <<Nada, supongo que no quiero pertenecer al cliché de “escribir en la playa, frente al mar”… pero,… tu… quién er>>. Huí.
Una vez abandonada la refrita idea de garabatear, Benjamín decidió que <<un verdadero hombre no debe de beber solo>>.
-Disculpe, ¿quiere una cerveza?
-¡Ah!, claro, como no… ¿Ya viste?, estoy esperando a ver si se le cae el short.
Benjamín reprobó categóricamente a la del short.
-Benjamín.
-Juan Carlos, mucho gusto, gracias, está glup bien fría.
-Ajá…
-Sí…
-Pasa…
-¡Como no!, es que…
-mmm…, igual…
-Pues sí, pero…
-Gracias pero…
-Órale, ya sabes…
-… claro, yo le hablo la próxima vez que venga para acá.
J.C. se fue.
Lo que más le había llamado la atención del señor Juan Carlos, era la forma en que se le sobrecargaban los ojos de esperanza mientras contaba la historia de cómo después de irse de mojado dos años al gabacho, decidió regresar (o lo regresaron) a Cancún, al mar.
El mar, poco a poco, violentaba su oleaje; amenazante. La brisa que antes reconfortaba la piel quemada de Benjamín, se sentía como pequeños empujones. El azul turquesa se ensombrecía, el mar comenzó a escupir personas.
-¡Ja!, no se le cayó el short.
El mar fulminaba a Benjamín con su infinita mirada turquesa; ponía en acción su musculatura, como un boxeador: calentaba previo al combate. <<Yo creo que se enojó por no dedicarle aunque sea un par de ideas>>, pensó Benjamín. <<Hay que tenerle mucho respeto al mar>>.
Benjamín precipitó hacia su temeroso interior lo que quedaba de su cerveza. Decidió dedicarle una línea:
<<Este guey, me la pela>>.
Se fue.