DIA DE SAN VALENTIN EN NUEVA YORK

Los condescendientes gemidos de mi roommate hacia su nuevo novio me arrojaron a la calle. Una hora antes de lo previsto. Así que ahora me encuentro en el metro. Matando el tiempo no leyendo a Mishima. Habito el mismo espacio transitorio de aquellos subnormales que tanto atormentan a los otros autores no leídos en este momento. Es 14 de Febrero. San Valentín. Lo único que existe a mi alrededor es el desfile de flores y globos. Úteros aferrados al brazo de emperifollados espermatozoides, gestando el conformismo como nueva filosofía. Feromonas contaminando la brisa urinaria del subterráneo. Esperanzadas erecciones elegantemente disfrazadas bajo telas de algodón. Miradas deshonestas con tintes ocre, corroídas. Reminiscencias sepia de heridas que sanarán hoy con el calor de una extraña compañía con documentos de conocida. Eso me recuerda a mi primer San Valentín. Y del hambre que tenía después de experimentar mi primer casi-terrible desastre sexual. Ah, la adolescencia. ¿Cuál era su nombre? Ella sí me debe de recordar; aún. Para ella sí fui un terrible desastre sexual.
Tengo hambre.
Me introduje en la tiendita. Un cuchitril que vende escarabajos y gusanos y almas en pena con envoltura de marcas reconocidas. Sabía que lo único que encontraría al introducir mi mano dentro de mi bolsillo sería una diminuta y simulada comezón. <<¿Cuánto cuesta eso?>>, pregunté para hacer tiempo en lo que me terminaba de rascar. Me estaba dando la media vuelta cuando el dependiente balbuceó algo en monetario. Terminé de dar la media vuelta. El hambre seguía ahí. El hambre es psicológica. Bah. Aún así lo intento. Busco dentro de mi no es bolso cabrones es un morral sport que le robe a mi ex vieja. Hago a un lado a Mishima. Saco un pedazo de papel y pluma. <<Panuchos>>. Lo escribo sobre el pedazo de papel. Panuchos. Me lo como.
Ahora entiendo por qué la gente lee en el metro. Los inteligentes, al menos. Imaginen estar aquí sentado solo. Con tan sólo nuestros pensamientos. Con nuestra soledad y decadencia y nostalgia. Nuestra existencia. Esta ciudad es terrorífica. Ahora sé porqué tanta gente se suicida. Aunque aquí, en Nueva York, les llaman asesinatos. Accidentes. Terrorismo. Destino. Domingo. Y yo sigo sin leer a Mishima. Amo a esta pinche ciudad.
Todo me llevó 20 minutos. La G. Los panuchos. Transbordar a la L. Estaba parado en 1st Ave a las 8:15pm. 45 minutos antes de lo previsto. Me tomó aproximadamente 1 minuto en reflexionarlo. Tenía sed. Ni un céntimo en mi bolsillo. Ni comezón. Y aún 44 minutos por matar.
Siete cervezas, y mi acento mexicano, fueron suficientes para que los problemas me encontraran. Me habían estado pisando los talones desde hace ya un par de días. Me descuidé, supongo.
—Ey, nena, tranquila. Digo, eres hermosa… pero pareces hombre.
La última vez que estuve en una pelea fue durante la prepa. Ficticia, sí, pero pelea al fin y al cabo. Aquella vez había ganado, evidentemente. Los puñetazos de la vida real son exageradamente más dolorosos en comparación de los fantaseados, por mucho. Espero no sea lo mismo con el amor.
Trato de reincorporarme. Sea lo que sea que eso signifique. La sangre brota, tímidamente, pero brota. Mi espalda cobija la fracturada banqueta. Y ahí arriba está ella, la luna. Pálida y sin acompañante. Sola. Como yo. No hay mejor manera de disfrutar de esta perra ciudad. Arañando y aullando sofocadamente a la luna. La sangre no para. Drip drip. No creo que pare. Esta ciudad me va a matar. Cuando lo haga, espero que sea l-e-n-t-a-m-e-n-t-e. Drip drip.
Llegué a mi cita. Ya había comenzado sin mi. <<Llegas tarde>>. Desplegué mis documentos tan rápido como pude sobre la mesa. La junta iba a la mitad, discutían sobre locaciones y permisos para filmar en Central Park. Mi mirada, único órgano que permanece conectado a mi cerebro, tropieza con ella. Heather y sus ojos verdes estaban sentados en frente de mi, al otro lado de la mesa, no mirándome. Sonreí y suspiré mentalmente. Acaricié, con el último gramo de mi energía sentimental, su sonrisa casi real. Al fin y al cabo era San Valentín.
—Que bonita te vez hoy, Heather.
No me hizo caso.
Nunca me contestó.

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2 pensamientos en “DIA DE SAN VALENTIN EN NUEVA YORK

  1. DUENDE dice:

    Felicidades Benja cada día escribes mejor sigue practicando

  2. El Trips dice:

    Hermano!, me gustó mucho.
    Como dice el supuesto “Duende”,
    cada dia escribes mejor. Rifado!

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