Patada, viejo, patada.

A Murrieta.

        Debo mejorar mi condición física. Mi condición, en general. Llevo apenas siete cuadras (tamaño Lower East Side, ni siquiera Midtown) y ya se me sale el bofe. El problema es que este encabronado Puertorriqueño sigue detrás de mi con cara de no amigos.
        Acabo de cruzar Houston sobre la Primera Avenida. No sé cuanto más pueda aguantar a este ritmo,… y pensar que algún día entrenaba en ‘El Sope’ para correr el maratón de Nueva York. Ahora corro por mi vida, en Nueva York. Este boricua no se da por vencido y aún estoy a siete cuadras del Bar Internacional, el lugar más cercano donde refugiarse (se me antoja de slogan). Vuelvo la cabeza y observo que Ricky Martin a sacado un puñal (sin albur) y me está dando alcance.
        La verdad es que no tengo experiencia con los puños. Nunca he ganado una pelea. Es probable que haya inventado peleas en más de una ocasión, sí, y espero haberlas ganado todas.

        Cuando estudiaba la primaria en el Colegio Calumnia, mi maestro y guía espiritual era el ‘Viejo’ Murrieta, profesor de Educación Física. Lo llamábamos ‘Viejo’ porque se refería a todos nosotros como ‘viejo’. “Así que lo tomé del brazo, viejo, y que le propino un codazo, viejo, patada, viejo; llorando me pidió perdón y sabes qué hice, viejo,… Patada, viejo, patada”. Mientras mis compañeros iban por las tardes al Karate-Do, yo ponía atención a las anécdotas del ‘Viejo’: dojo de la vida. “Las tuve a todas, viejo, a todas, ¿sabes por qué me casé con la más fea, viejo?, por amor… Por amor, viejo”. Así aprendí que la mejor defensa es la patada y que el amor te hace morder el polvo aún cuando las tienes a todas. Nunca practiqué con los puños.

        Este cabrón nomás no se cansa. No recuerdo qué fue lo que desató esta persecución pero sí se que cuando alguien que viste camiseta daddy-yankiera sin mangas, cadena de oro y puñal en mano, patas pa’ que las quiero. Dolor de caballo. Primera Avenida y Calle Cuatro. Tan sólo tres cuadras más. Aguanta, Benja. Aguanta, viejo, aguanta.

        Formé parte de la selección de futból de la escuela hasta la secundaria. Corría de un lado a otro y podía pasarme todo el día jugando futból dentro o fuera del Colegio Calumnia. El ‘Viejo’ era un apasionado del futból. “Viejos, pongan atención carajo; esto es lo que vamos hacer, un dos tres formación ‘limpiadores’, viejos. Limpiadores, viejos”. Sepa la madre qué chingados quería decir con eso de los limpiadores. Aún así ganamos un par de torneos. Gozaba de la mejor condición física entonces.
        En una ocasión, un trajeado interrumpió el entrenamiento para hablar con el ‘Viejo’ en privado. De lejos observamos que el trajeado esbozaba una gran sonrisa al mismo tiempo que rompía en llanto al estrechar entre sus brazos al ‘Viejo’. Murrieta me explicó que aquel trajeado era un ex-alumno del Colegio Calumnia al que le salvó la vida.
        Durante el terremoto del 85 el entonces joven trajeado intentó saltarse una de las bardas para ir en busca de su padre (todos en la escuela quedaron atrapados dentro de las instalaciones después de la sacudida). El trajeado resbaló y Murrieta lo cogió del brazo. “¡Suéltame, Murrieta, tengo que ir por mi padre!”, la barda de la que el joven trajeado intentaba saltar daba hacia un barranco, pero en su desesperación no parecía importarle. “No, viejo, no. Él sabrá que hacer, tu eres joven y aún tienes una vida por delante, viejo. Dame la otra mano, viejo”. El padre del joven murió entre los escombros. El joven trajeado hubiera muerto de no ser por Murrieta; se graduó con honores y estudió en el extranjero, se convirtió en uno de los mejor abogados: estaba en todos los periódicos, era el abogado de la familia más importante de Las Lomas, vinculada al narcotráfico.
       ”Chale, Murrieta, mejor lo hubieras soltado. Mira nomás.” Murrieta me dio un ligero codazo, “más respeto, viejo; además, yo qué iba a saber. No me pierdas el respeto, viejo”. Y cómo hacerlo. Ya era yo todo un irrespetuoso adolescente pero aún así disfrutaba pasar el tiempo con el ‘Viejo’ y sus anécdotas. Dejé la selección y el futból por mi nueva pasión, las piernas de mis compañeras. Jamás le perdí el respeto al ‘Viejo’. Él se encargaría de este Puertorriqueño si estuviera aquí, sin duda.

        Me derrumbé en cuanto llegué al Bar Internacional, el sudor aguijoneaba el atinado navajazo que me propinó Ricky.
       -Hijo de pouta, te va a moiir, hijo de pouta.
Molly (la dueña del bar), Randy (el vaquero galáctico del bar) y Claire (la bartender) tomaron sus posiciones de batalla. Randy y Molly se plantan delante del Puertorriqueño y le preguntan que en qué pueden asistirle. Ssswikt es el sonido que hace la navaja automática de Randy.
       -No vuelva a dehir fea a mi mujer porque te muere hijo de pouta.
       -No entiendo por qué la agarras contra mí, el amor te hizo escoger a la fea.
        El Puertorriqueño se disponía a matarme si no es porque Molly intercede.
       -Mira, amigo, eres joven y tienes la vida por delante, si matas al Benja hasta aquí llegaste… Mejor ve a casa con tu mujer. El Puertoriqueño vió la batalla perdida e inteligentemente se dio la media vuelta. Antes de salir por la puerta murmuró algo así como “Qué clase de jodido lugar abre a las ocho de la mañana?”.
       -El Bar Internacional, el lugar más cercano para refugiarse- le dije a Molly.
        Molly se rascó la cabeza. Randy guardó su navaja y se rascó el culo. Claire me sirvió un ‘especial’: una lata de chela y shot de whiskey. Randy me puso un trapo empapado de tequila (porque soy mexicano, supongo) sobre mi herida.
        Molly me preguntó si quería algo de desayunar.

        Eran las 8:47 AM.

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9 pensamientos en “Patada, viejo, patada.

  1. espino60 dice:

    “a sacado un puñal (sin albur y sin ortografía…
    pero se te perdona porq

  2. espino60 dice:

    “a sacado un puñal” (sin albur y sin ortografía… pero te la paso porque ibas hecho la mocha y echando el bofe.
    hasta yo me cansé, ojalá te acuerdes dónde vive el “puelto liqueño” para ir a toparlo un día de estos…
    Te mando un abrazo

  3. duende dice:

    …si se trata de correr para salvar el pellejo, creo hubieras llegado hasta el chente…pos por que le dijiste fea su vieja…

  4. boresita dice:

    Eres genial Villeda, no paré de reírme y me valía madre que los pacientes psiquiátricos me veían como si yo fuera la enferma jajajajajajajaj

    • Anónimo dice:

      ¡Bores! Que gusto leerte por estos rumbos, caray. Que bueno que te divertiste, yo me divertí mucho escribiendo/recordando al Viejo.
      ¡Te mando un gran abrazo!
      Te extraño.

      Remember: got to keep the loonies on the path.
      –Dark Side of the Moon.
      Auuuuuuuuu

  5. el axeL dice:

    jajaja!! viejo!! eres una mamada, viejo!!!un abrazo carnal !

  6. El chingado viejo, no me partas, chamin. Jajaja.
    Me gustó mucho, a huevo.

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